Testimonios
Carlos Barassi, Diácono Permanente
Navidad en Familia
En un ambiente de oración y unión, la familia del diácono Carlos Barassi espera las 12 de la noche del 24 de diciembre.
Rosario de10 años, Vicente de 8 y Juan Francisco de seis años son los tres hijos del matrimonio conformado por el Diácono Carlos Barassi y Anita Sael y como tantas familias de la Arquidiócesis ya se preparan para celebrar juntos el nacimiento del niño Jesús. Su casa, en ubicada en la Zona Cordillera se llena de la alegría de los más pequeños y de las enseñanzas de los más adultos para crear un ambiente propicio para acoger al que nacerá la noche del 24 de diciembre.
“Para nosotros Navidad, es un tiempo muy especial. Como familia nos preparamos concurriendo ya sea, a nuestra parroquia, o a las Eucaristías en los colegios de los niños, y como familia participamos de la celebración. Navidad también la vivimos en lo íntimo de nuestro hogar, esperando Noche Buena en compañía de las abuelas, con una cena sencilla pero con un profundo recogimiento y la alegría de los niños”, comenta Carlos quien junto a su esposa se encargan de compartir con sus hijos el verdadero significado del nacimiento del Niño Jesús, “hemos querido transmitirles lo que significa Navidad en el idioma de ellos, como una gran historia en la que el protagonista principal es el niñito de Belén, su amigo Jesús, y que él es quien viene a traer paz y amor al mundo”.
¿Se preparan de alguna manera especial para la noche navideña?
La oración es lo principal en esa noche, damos gracias por todo lo que el Señor nos ha regalado, como también ponemos en su presencia a quienes ya no están con nosotros y que sin duda nos han marcado con sus ejemplos de vida, y los niños siempre preparan una canción.
Diaconado y familia
La vida en familia ha sido un gran apoyo para que Carlos Barassi pueda desarrollar su vocación diaconal. Con su esposa, con quien lleva 14 años de matrimonio han sabido compatibilizar las tareas del hogar, el cuidado de los niños y el trabajo de cada uno. Anita es educadora diferencial y Carlos trabaja en una empresa automotriz, además es Coordinador del Diaconado Permanente de la Zona Cordillera. Su servicio diaconal lo lleva a cabo en la parroquia Santa Gema Galgani y a veces también apoya en la pastoral del colegio de sus hijos. Todo esto, dice Carlos, no sería posible sin la organización del día a día y la colaboración de toda la familia. “Es el mejor ejemplo de que el diácono, nace crece y se nutre desde de la familia y esto es así”.
Desde un principio Anita estuvo al lado de su marido, especialmente en el proceso de discernimiento de la vocación al diaconado. “Fue una decisión que tomamos con prudencia y silencio acompañando a Carlos hasta que constatara que el diaconado era su vocación porque es una decisión tan trascendente en la vida de una familia que de verdad teníamos que verlo madurar con el tiempo, luego también estuvimos juntos durante su proceso de formación en la escuela”, recuerda Anita.
Los niños, aunque son pequeños, entienden la vocación del papá y les gusta pues también ellos se han incorporado de alguna manera a este servicio, especialmente cuando a Carlos le toca colaborar en un apostolado en la comuna de Cerro Navia, allá parten todos en familia a colaborar en una obra de las hermanas pasionistas.
Mensaje a la comunidad
A días de celebrar Navidad, Carlos Barassi envía un mensaje a los hermanos diáconos y sus familias. “Durante este tiempo de Adviento y Navidad acostumbramos a desearnos la paz unos a otros. Pero ¿qué es la paz? ¿qué estamos pidiendo cuando nos reunimos para pedir que la paz reine en este mundo? La promesa de Jesús de darnos su paz presenta un reto para mi. Cristo es nuestra paz, Él nos revela el amor incondicional de Dios y nos invita a una relación de amistad y comunión con él que es lo que nos permite vivir en paz. La paz de Cristo es una tranquilidad que no se parece en nada a la que da el mundo. La paz que el Señor nos da, es él mismo que se da por cada uno de nosotros, porque Él es la revelación del amor de Dios mismo. Aunque esta paz es gratuita, necesita que yo me abra a ella para que sea efectiva. Si no le abro los brazos, se quedará igual que un regalo de navidad sin abrir. La paz verdadera exige fidelidad al amor a Dios.
Al terminar este año, y comenzar el 2008 con sus promesas y parabienes, Jesús nos pide apertura a su paz. Pidamos al Señor en este tiempo, que él nos siga fortaleciendo para poder decirle Señor hazme un instrumento de tu paz”.
|